Yo soy más venezolano que tú.

 

Nací en Cienfuegos, Cuba, la perla de Sur.  Una ciudad blanca, ordenada, dueña de una bahía encantadora, donde los camaroneros – al caer la noche -   iluminan sus aguas con sus lámparas de kerosén…

 

Viví parte de mi adolescencia en el pueblo de Deer Park, Washington, donde las nieves cubrían las colinas cercanas a mi casa, desde donde se oían cantar a los coyotes en las noches bañadas de luna llena…

 

Me deleité del va-y-ven de las barcazas del Rhein cuando estudiaba en Alemania Occidental y degustaba todas las noches del exquisito vino blanco alemán; tierra natal de mi “tía” Hanna, una  alemana que me enseñó a sentir por ese pueblo nórdico que tanto ha aportado por la industrialización de nuestro mundo.

 

Me gradué en la Universidad de Aberdeen, Escocia… tierra de las luces nórdicas que son solo comparables al            catatumbo zuliano.

 

… y sin embargo, solo pienso en nuestra libertad.  Pienso en los días en que me hacía hombre en las calles de la parroquia San José – en Caracas - , donde me enamoré por primera vez de mi novia Lupe, quien murió de leucemia casi en mis brazos… dejando el recuerdo de los boleros que bailábamos al son de La Billo’s Caracas Boys, cuando corrían los años sesenta y los Beattles todavía no se conocían en Venezuela.  Pienso en el día en que me casé por lo civil, vestido con unos blue jeans cuyos ruedos agarré gracias a lo que aprendí cuando vivía con mi madre “americana” Beverly.  En el día en que nació mi hija María Carolina, la primogénita… en la clínica Leopoldo Aguerrevere.  En mi primer potro, nacido en la finca hatillana de Daktari.  En mis cuatro hijos venezolanos, quienes pudieran estar a punto de olvidarse de dónde nacieron.

 

Pienso en esa mujer de la cual me enamoré cuando de muchacho transitaba entre mi oficina y mi casa, en El Bosque… y en la cubanita que juró ser mi esposa y me dio cuatro insuperables hijos… y no puedo sentirme más venezolano.

 

Pienso en la libertad de Cuba y en lo que pudiera sentir cuando me plantee la opción de dejar esta tierra de gracia llamada Venezuela para regresar a mis raíces en la tierra que me vio nacer… y me atormento.  Es entonces cuando me siento más venezolano que tú.

 

Tú naciste y te criaste en tu tierra… con tus amigos y familiares.  Has vivido  una vida normal.  Yo no, yo tuve que esforzarme por recordar mi infancia, por no olvidarme de aquellos amigos como Pablito Alcázar, Miguelito Marcoleta… u Orlandito Cápiro que tomaron rumbos diferentes al mío.   Mi primera “novia”, Gloria María Portela – quien acaba de morir hace unos meses en Miami – fue “secuestrada” por sus padres hacia el norte y terminó en los brazos de otro hombre.  Si el comunismo no hubiera llegado a Cuba, tal vez con ella hubiera formado mi hogar cienfueguero y mis hijos hubieran llevado con orgullo su apellido, heredado de un prócer de la patria, el General Don Jacinto Portela.

 

Esas cosas intranscendentes  para ti no cuentan, pero lo significan todo para mí.  Es por eso que hoy, cuando me pregunto qué soy, siento que no soy más que un venezolano que nació en Cuba, jardinero de esta tierra donde he sembrado la semilla de mis cuatro hijos… ¡todos venezolanos!  Soy más que tú, porque me dieron a escoger y preferí a Venezuela… una  patria llana y franca, donde el sol jamás se oculta de sus súbditos.  La patria de Bolívar, a quien Martí admiraba con locura, cuya memoria es mancillada hoy por un traidor comunista que pretende entregar su sagrado suelo al monstruo que distorsionó la esencia misma de mi pueblo: Fidel Castro.

 

Soy más venezolano que tú, porque estoy dispuesto a ofrendar mi vida hoy mismo por la libertad de esta patria grande y generosa que le ha dado albergue a tantos parias del mundo, incluyendo a mi familia. 

 

En todo caso - si me equivoco - soy tan venezolano como tú o como el que más, pues he decidido quedarme en suelo venezolano a morir en él si fuese necesario, arropado a esa gloriosa bandera tricolor de siete estrellas que siento tan mía como aquella que un día dejé atrás, en el puerto de La Habana hace más de cuatro décadas, con su estrella solitaria, tres franjas azules y dos blancas… soñada, por cierto, por el General Narciso López, venezolano que ofrendó su vida por la libertad de Cuba, ante el paredón español, aquel glorioso año de 1851.

 

¡Viva Venezuela libre!

 

Caracas 17 de octubre de 2003

 

ROBERT ALONSO