¿SOLUCIÓN?

 

Entre ayer y hoy se me reventaron todos los buzones de correo electrónico que empleo para enviar mis “alertas”… ¡y son más de 50!  Jamás me hubiera podido imaginar recibir tal avalancha de cartas, notas y escritos “asesorándome” sobre cómo defender nuestra constitución.  No pudiera publicarlo todo pues son tan variadas las sugerencias que me llevaría una vida enviarlas por la red.

 

Sin embargo, de entre todas ellas – muchas verdaderamente ingeniosas – me llamó la atención una enviada por una alta ejecutiva de una de las agencias de publicidad más prestigiosas del mundo (empresa a la cual le debo mucho), cuyo nombre me reservo para no meterla en el mismo lote mío y obligarla a “atrincherarse” sabrá-Dios-dónde.  Vamos a llamarla, cariñosamente, “Nare”

 

“Nare” literalmente me escribió: “No sé si esto sirve para defender la constitución, pero por lo menos es válido para retar y poner contra la pared a los militares.” 


Alguien con credibilidad y que se reconozca por su compromiso e interés por el bienestar de Venezuela -- que no debería ser la Coordinadora, por cierto -- debe convocar a TODOS LOS VENEZOLANOS, de TODAS LAS CIUDADES DEL PAÍS, a que marchemos hacia los cuarteles, los destacamentos... los sitios donde están los militares, donde nos instalaríamos, días, noches con consignas, con carteles, pancartas... que les recuerden a los militares el mandato que les da NUESTRA constitución.  No nos moveríamos de allí hasta que nos maten o hasta que caiga el régimen.”

 

Por supuesto que esto no sería para YA – diría yo.  Pienso que sería una salida PACÍFICA -- no necesariamente traumática -- para ser aplicada en el supuesto caso que éste o cualquier otro régimen que tuviéramos en el futuro, se salga de la ley, haciendo “cosas” como que al presidente – por ejemplo – se le ocurriese meterle mano al FIEM… o, qué se yo, “pasar” una ley de control de cambio sin contar con la Asamblea Nacional… diría yo; o meter preso a un general contrariando sus derechos procesales y constitucionales o -- yendo más allá en mi imaginación hipotética -- firmar un contrato petrolero con algún país hermano sin que lo apruebe el poder legislativo o algo así tan estrambótico como recibir dinero de una entidad bancaria extranjera para financiar una campaña electoral, etc.

 

El problema que yo veo en esta propuesta de mi gran amiga “Nare”, es que tendríamos que estar dispuestos a ciertos sacrificios, no digamos INMOLARNOS COMO LOS ÁRABES, pero pasar un poco de hambre, hacer las necesidades en un tobo por ahí, metidos en una carpa o detrás de un palo, llevar sol (lluvia no, porque estamos en época de sequía), sereno… etc.   Otro gran inconveniente sería que no podríamos abrir nuestras panaderías, nuestros supermercados, nuestros restaurantes, pues tendríamos que estar TODOS sentados frente a los cuarteles.  Sin embargo, el mayor problema que le veo es que tendríamos que salir TODOS, TODOS, TODOS, TODOS, TODOS, TODOS, a la vez y en TODAS, TODAS, TODAS, TODAS, TODAS las ciudades de Venezuela.

 

Ahora bien.  Si pudiéramos hacerlo – en el supuesto negado, claro, que algún gobierno venezolano se salga de la raya – sería muy factible el éxito pues generaría ese caos que hace falta para que los militares se definan si son mariscos o moluscos… (OJO: DIJE MARISCOS, no lo otro).

 

No creo que tengamos que estar sentados mucho tiempo, si las cosas se hiciesen como aquí decimos.  En todo caso, sería INMENSAMENTE mejor que sentarnos en los bancos de un parque en Australia a explicarles a nuestros nietos dónde carajo queda Venezuela… o vivir toda la vida obligando a nuestros hijos que no hablen entre ellos en otro idioma que no sea el español, o que tengamos que hacer colas todos los días hasta el 2021 (y más allá) para comprar media libra de patas de pollo con pellejo para echársela a la sopa de desesperanza que tomaremos en desgano de aquí al día en que nos entierren -- luego de morir de indignación -- en un hueco común y “solidario” de un cementerio zamorano recién abierto en los Valles del Curucutú, donde los pájaros ni cantan.

 

Si le preguntásemos a los millones de cubanos que tuvimos que salir al destierro o a los que infaustamente tuvieron que anclarse en la Cuba  de Fidel, si hubieran cambiado todo el horror por un año de sacrificio sentados frente a los cuarteles revolucionarios del entonces incipiente régimen CASTRO-COMUNISTA de Cuba, el 99.9% de los encuestados estaría más que de acuerdo con la idea.  Muchos, incluso, darían la vida por echar para atrás la película y defender la patria como hoy lo propone mi amiga “Nare”.

 

Lo malo es que no lo hagamos y ya viejos y derrotados – muriéndonos de tristeza en los confines del tiempo -- nos digamos unos a los otros: “¡Si tan solo lo hubiéramos hecho a tiempo…!”

 

El Hatillo 20 de Marzo de 2003

 

ROBERT ALONSO