¿QUÉ DIRÍA FIDEL?

 

Grau San Martín le entregó la presidencia en 1948 a Carlos Prío Socarrás, quien terminó de darle el “pre-puntillazo” a  Cuba con más corrupción, ayudado --- entre muchos otros --- por Paco y Antonio Prío, sus dos glamorosos y pintorescos hermanos.   Las instituciones cubanas no valían un “kilo” (un centavo cubano y “prieto”).   El poder judicial era un chiste.  El jefe de la policía, en vez de hacer sus rondas de vigilancia, hacía sus rondas por los establecimientos de juego ilícito controlado por la mafia, cobrando sus “mordidas” de manera descarada.   Paco Prío, Senador de la República y famoso por su adicción a la cocaína, ayudaba a su hermano --- el Presidente --- a recibir a las personalidades que venían del exterior. 

 

Una vez a Palacio llegó una comitiva europea y Paco estaba en la línea de los anfitriones que recibían a los invitados, entre los que apareció el “Conde Tal-o-más-cual”.  El jefe de protocolo se paró con el “sangre azul” frente a Paco y lo presentó formalmente.  Como en Cuba no había condes, a Paco se le ocurrió, inspirado por los pases de coca que llevaba en su cerebro, inventarse uno y él mismo se presentó:  Mucho gusto: el Conde de los Calzoncillos”.  Aquello fue un chiste que caló en el alegre y bochinchero pueblo cubano. 

 

Años después, en su discurso del 10 de marzo de 1953, para conmemorar el primer aniversario de su golpe de Estado, el General Fulgencio Batista acusó a Prío y a su hermano Paco de haberse robado 20 millones de dólares del erario público: ellos respondieron desde México que no se trataba de un robo, sino de un “préstamo”.

 

En medio de aquel desastre político que suponía el gobierno de los Prío, se destacó una figura de nombre Eduardo “Eddy” Chibás  --– conocido como “revolucionario” desde la época de Machado, nacido en una prestigiosa familia cubana y enemigo de las inversiones yankees en Cuba ---  quien enloquecía a las masas.   Un nuevo “Mesías” que al igual que Batista, Grau y Prío, borraría la corrupción de la faz del país. Prío ya había mostrado su oreja de corrupto e incapaz y todo indicaba que Chibás --- fundador del Partido Ortodoxo --- sería su sucesor.  No habría forma ni manera --- aún con la más sofisticada trampa --- para que Chibás pudiera perder las elecciones, cuando éstas se realizaran y él fuese candidato.

 

Grau San Martín había sido mentor de Chibás y éste el “delfín” del primero, sin embargo, luego de haber competido por la presidencia en contra de Prío --- abanderado del Partido Auténtico ---, al perderla, Grau le retiró el apoyo y Chibás se le volteó y se le enfrentó con ahínco.   Fidel Castro y su “carnal” José Pardo Llada (quien a los años de la revolución se exilió en Colombia y terminó de político en Cali, tras haberse nacionalizado colombiano), se unieron al personaje a sabiendas de que llegarían, por carambola, a la mata del poder.  Chibás hablaba el idioma de Castro.  A la Compañía Cubana  de Electricidad ---  propiedad norteamericana --- le llamaba la “Compañía ANTIcubana de Electricidad” y cosas por el estilo.  Convirtió la denuncia y el escándalo político en su bandera de lucha.

 

Fue entonces cuando a Chibás se le ocurrió cazar pelea con uno de los ministros de Prío --- el para entonces Ministro de Educación, el Dr. Aureliano Sánchez Arango, muy amigo, por cierto, de Carlos Andrés Pérez, quien vivió parte de su exilio en Cuba y fue protegido por Prío y su gobierno --- y lo acusó de corrupto, lo cual no tenía nada de raro.  Sin embargo, Chibás aseguraba tener las pruebas de esa corrupción en su maletín y fue retado por el ministro a que se las mostrara al país.  

 

En un programa de radio --- en la famosa CMQ ---, el día en que supuestamente Chibás debía sacar las pruebas a la luz pública, pronunció sus últimas palabras: “Este es mi último aldabonazo...” y se metió un tiro en el estómago.   Irónicamente su audiencia no lo oyó, porque el “timing” fue muy malo y su famosa frase salió de sus labios cuando el programa se fue al corte comercial.  Muchos aseguran que fue una jugada de Chibás para lograr aún más simpatías de su pueblo, sobre todo cuando sabía que no tenía las tan cacareadas pruebas.   Quienes saben de “eso” comentan que el que se quiere suicidar de un disparo no se lo mete en el ombligo, sino en los sesos.  Nuevamente el “timing” le hizo una mala jugada pues lo cierto es que terminó totalmente muerto.

 

El pueblo cubano se vino abajo y el día del entierro del político fallecido se paseó el cuerpo por toda La Habana.   Fidel y Pardo Llada terminaron siendo los “responsables político” del cuerpo de Chibás; de hecho, Pardo Llada estaba al lado del difunto cuando se disparó el tiro y Fidel fue quien condujo al herido al hospital.  Comenta “Pardo” (como cariñosamente le llamaba Castro), que mientras paseaban el cadáver en su ataúd, Fidel le comentó que era el momento de darle un golpe de estado a Prío y aprovechando que tenía al pueblo detrás, se fueran a Palacio y depusieran al pintoresco presidente cubano, con todo y muerto a cuestas.   Fidel ya estaba loco, pero “Pardo” aún no.   Siguieron con su muerto al hombro y lo metieron en la fosa... y chirrín chirrán.

 

He aquí la narración exacta que hiciera Pardo Llada sobre aquel acontecimiento: “Cuando llegó el momento de llevar el cuerpo de Chibás al cementerio --- con aproximadamente entre doscientos y trescientos mil cubanos esperando frente a la Universidad --- Fidel vino a donde estaba yo y me dijo que quería hablarme a solas.   Fidel me llevó a un rincón del Aula Magna y allí me reveló que no llevarían el cuerpo de Chibás al cementerio: <<Vamos a utilizar esta enorme manifestación de dolor cuando tenemos tanta gente aquí y vamos a llevar el cuerpo a Palacio>>  A lo que le respondí pasmado: <<a Palacio, ¿para qué?>>, <<para tomar el poder>> fue la respuesta de Fidel. <<Tú te proclamarás presidente y yo seré el jefe del ejército.  Vamos a darle a Chibás, después de su muerte, la satisfacción de barrer con el gobierno de Prío.  Te lo aseguro, si lo llevamos a Palacio, Prío huirá de Cuba.  Ese cobarde tiene que estar terriblemente asustado...>>  No es para menos, cualquier gobernante se asusta con una manifestación de trescientos mil ciudadanos y si no, que se lo pregunten al Sr. Chávez.

 

Pardo Llada, quien estaba tremendamente anonadado, le contestó: <<Escúchame, Fidel, olvida esta locura.  Recuerda que junto a este entierro marchará un batallón del ejército para los honores militares y que toda la policía está en los cuarteles.  Pueden matar a miles de personas si decidimos asaltar Palacio.  No me haré responsable de una carnicería así...>>

 

Fidel, con su delgado bigote y elegante traje, insistió aún con terquedad: <<Te digo que no harán nada.  No son capaces de disparar un tiro.  Todos son cobardes.  El presidente, el ejército, la policía, el gobierno, todos ellos.  Llevemos a Chibás a Palacio y sentemos al muerto en la silla presidencial...>>

 

Fue lo de “sentar al muerto en la silla presidencial” lo que hizo que me decidiera a terminar el diálogo.  Con tono decisivo le dije: <<No hay nada más que decir, Fidel.  Voy a llevar a Chibás al cementerio...>>

 

Ahí no termina la interesantísima historia.  Años más tarde, en 1955, Pardo Llada habló con el ex presidente Carlos Prío en Montreal, Canadá.  Pardo le echó el cuento y le preguntó si realmente hubiera dado la orden de disparar si ellos hubieran intentado llevar “la ola de gente” a Palaciocon el cuerpo de Chibás como una bandera”.  Lentamente Prío le contestó: “Si yo lo hubiera sabido, puedes estar seguro de que nunca hubiera dado la orden a nadie que dispararan contra mi pueblo.  Nadie podría decir que mi gobierno habría matado a alguien.  

 

Después Pardo descubrió que el capitán Máximo Ravelo, que acompañó a las tropas al entierro de Chibás, sólo llevaba balas de salva y con instrucciones precisas del presidente de no intervenir en caso de cualquier desorden, en parte debido a que Prío era cobarde y en parte porque sentía horror por la guerra civil.  Después Pardo supo que un piloto de la aviación militar, Roberto Verdaguer, había revelado, cinco años después de la muerte de Chibás, que aquella misma tarde el presidente Prío había preparado sus maletas y ordenado que tuvieran listo un avión para sacarlo del país en caso de que el entierro terminara en una insurrección popular.  No fue la primera vez --- ni sería la última --- que la increíble visión de Fidel de las posibilidades tácticas, que para todos los demás parecían imposibles, resultara ser misteriosamente exacta.

 

Los otros días estaba almorzando con un alto oficial del Ejército de Venezuela.  Me estaba contando un interesante relato sobre la historia contemporánea de este país; lo interrumpí abruptamente y le pregunté: “General, conociendo usted como conoce a sus hombres, ¿usted cree que si el pueblo venezolano se tira al unísono a las calles – en todas las grandes ciudades del país -- decididos a recuperar la patria, el ejército acataría una posible orden de disparar contra él?” La respuesta fue inmediata y tajante: “¡Jamás!

 

Sería tremendamente interesante saber qué diría Fidel.

 

Caracas 11 de mayo de 2003

 

ROBERT ALONSO