PROMESAS, PROMESAS…

 

Quien esté maquinando sacarle al Sr. Chávez una promesa que nos garantice el constitucional referendo revocatorio, podría estar – como decimos en criollo – “meando fuera del perol”.  En estos días que “los amigos de Venezuela” están sentados en torno a una mesa de facilitación para buscarle un sentido a esta pesadilla del quinto mundo, se me ocurrió transcribir parte de mi libro “Regresando al Mar de Felicidad” para que repasen un poco el manual de interpretación a los dictadores CASTRO-COMUNISTAS, comenzando por el “máximo líder”, Fidel Castro.

 

CAPITULO XI

 

Hay que ser mago para “interpretar” a Fidel.   Acabado de llegar al poder, Castro pronunció una célebre frase: “¿Armas para qué?”.  Los pacifistas revolucionarios se sintieron muy a tono con esta idea del “Máximo Líder”.  Cuando Fidel convirtió a Cuba en el segundo país mejor armado de América, comenzaron a decepcionarse del “Comandante”.  En el “Granma” del 19 de diciembre de 1976, apareció la siguiente declaración de Castro: “Mientras haya un revolucionario con un fusil, ninguna causa se perderá jamás”.  Al final, el poderoso Estado cubano ha sido usado, por así decirlo, para convertir toda la nación en un gran campamento militar.   Veinte años después de la victoria, y de aquella loable frase “¿Armas para qué?”, la magnitud de la Fueras Armadas de Cuba era impresionante: 150.000 hombres (más de 90.000 reservistas, 10.000 soldados de seguridad del estado, 3.000 guardias de fronteras y 100.000 milicianos).  Sin duda alguna, la mayor fuerza militar del Caribe, después de los Estados Unidos.  De los países del antiguo bloque soviético, en la Europa oriental, sólo Polonia llegó a poseer unas fuerzas más importantes, pero Polonia tenía una población cuatro veces más numerosas que Cuba.  Esta gran fuerza es también la institución más importante de la nación y ha tratado de jugar un gran papel en la economía al suministrar mano de obra suplementaria, casi gratuita, para la recolección de caña, por ejemplo.  Casualmente, nuestro presidente Hugo Chávez, tan pronto tomó posesión, ideó el llamado “Plan Bolívar 2000”, donde colocó a los miembros de sus fuerzas armadas para distribuir alimento,  pintar escuelas, limpiar quebradas sucias... y cosas por el estilo.

 

“¿Armas para qué?”  El 1ro de diciembre de 1976, Castro le agradeció a los soviéticos: “Cuanto más examinamos estas cuestiones, más agradecidos nos sentimos de la Unión Soviética, que nos ha proporcionado estas magníficas armas y nos ha enseñado a usarlas... Gracias a los extraordinarios esfuerzos de los científicos, técnicos y trabajadores soviéticos, nuestras armas también están constantemente revolucionadas y perfeccionadas...” (Recogido del “Granma” el 19 de diciembre de 1976).

 

Fidel prometió que convertiría cada cuartel militar en escuela para los niños cubanos.   Los amantes de la educación deliraban.   No había pasado un año cuando Castro convirtió las escuelas en cuarteles y los niños cubanos eran entrenados como milicianos para cuando llegara la invasión norteamericana.   Obligaba a todos los niños y jóvenes en edad escolar a marchar militarmente en sus escuelas.  Ya para entonces escaseaban – entre muchísimas cosas – los zapatos, razón por la cual mientras se marchaba en las canchas de basketball los muchachos solían corear: “uno, dos, tres, cuatro… comiendo mierda y gastando zapato.”

 

Prometió elecciones libres... y no las hizo jamás.   Renunció públicamente en dos oportunidades, pero convirtió sus renuncias en esperanza de tísicos.  Dijo en repetidas oportunidades que su “Revolución” era verde como las palmas cubanas.  Pintó las palmas de rojo y se unió a la Internacional Comunista.  Pasarían décadas antes de que volvieran a ser verdes... al fin lo logró cuando abrió el país al “verdor” del dólar norteamericano... ahora, TODO ES VERDE y el peso cubano se usa para limpiarse el culo.  

 

Fidel dijo que cada cubano tendría una vivienda y hoy suelen vivir tres generaciones bajo un mismo techo, en casas sin propietarios que se caen a pedazos; el cubano sabe que no tiene derecho a esa vivienda que el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos consagra;  este derecho que se torna utópico en la mayoría de los países del mundo, es especialmente utópico en la Cuba de Castro.  Mientras en Cuba no había azúcar, café, leche, huevos, etc... Fidel estaba exportando su “Revolución” a países como Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia... y luego a decenas de países africanos.  En la década de los sesenta envió guerrilleros (entre ellos al futuro General Arnaldo Ochoa a quien más tarde fusilaría en Cuba) y armas cubanas a Venezuela.  Entrenó y apoyó a los insurgentes comunistas venezolanos quienes en una época se propusieron matar, en las calles de Caracas, un policía por día, padres de familias provenientes de los estratos sociales más humildes de nuestra sociedad.   Se enemistó con gran parte del continente americano y en especial con los Estados Unidos lo que produjo el “bloqueo” que él tan descaradamente denuncia y tan hábilmente burla y que se ha constituido en la perfecta excusa de su fracaso y el de su “Revolución”; además “logró” que lo expulsaran de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

 

El 16 de enero a Fidel se le ocurrió visitar la tumba de Eduardo Chibás y ante ella negó solemnemente que fuese comunista... era un lugar adecuado, pues Chibás siempre había sido enemigo del comunismo.  Su elogio a Chibás pareció confirmarlo.  Evidentemente un hombre no podía servir a Chibás y a Marx al mismo tiempo.  Castro repitió esta negativa el 22 de enero ante una conferencia de prensa.  Al día siguiente que Castro llegó a La Habana, el 9 de enero de 1959, declaró: “Los partidos políticos se organizarán dentro de unos ocho o diez meses.   En los primeros tres meses de la liberación es un crimen lanzar al pueblo a la política.  Es mejor trabajar febrilmente para reconstruir la nación... En Latino América, pocas veces se han dado revoluciones que no fueran meros golpes de Estado...”  Dos días después Fidel declaró para la CBS: “Si no damos libertad a todos los partidos para organizarse, no seremos un pueblo democrático.  Hemos luchado para dar democracia y libertad a nuestro pueblo... la opinión pública, nuestra palabra, nuestras intenciones... somos un pueblo desinteresado, porque es obvio que no ganamos nada no celebrando elecciones...

 

Caracas 7 de mayo de 2003

 

ROBERT ALONSO