¿Pesimista yo?

 

Robert,

 

¿No estás muy pesimista?  ¿De verdad en el fondo de tu corazón piensas que Latinoamérica va a volverse comunista? ¿Tu no crees que hay demasiada gente en Venezuela con intereses fuertes que van a impedir el comunismo?

 

Mi esposo, que es panameño, dice que el venezolano no tiene madera para comunista en el sentido que en Venezuela no hay hambre verdaderamente como la había en Cuba antes de Fidel.

 

¿Qué crees?

 

Eva

 

Amiguita Eva,

Dile a tu esposo que está más pelado que rodilla de chivo con eso de que en Cuba había verdaderamente hambre antes de llegar Fidel Castro al poder, hace más de CUATRO DÉCADAS.  Cuba era el tercer país de América Latina para cuando llegó ese monstruo.  Te estoy enviando parte de lo que escribí en mi último libro "REGRESANDO DEL MAR DE LA FELICIDAD" para que se lo hagas leer a tu esposo.  Espero no aguarte mucho el día, sin embargo, no hay nada más terco que la verdad.

No soy pesimista.  Me he propuesto ALERTAR y para tal desagradable labor solamente le puedo echar mano a mi experiencia y a la verdad…

Fidel le mentía a su pueblo, pues tres años después de bajar de la Sierra se declaraba marxista-leninista, asegurando que siempre lo había sido y que lo sería hasta el último día de su vida, pero recién tomado el poder, ya hemos visto, su discurso era radicalmente diferente, sobre todo en lo que se refiere al comunismo.  Incluso, para aquellos que gustan de decir que ese infernal sistema se justificaba en la Cuba que heredaron los barbudos, es bueno que se paseen una y mil veces por las palabras del “Máximo Líder”  de aquella revolución virgen: “Nada semejante sucederá en nuestra patria. El comunismo no tendrá aquí justificaciones ni complicidades del poder.  En Cuba no había la más mínima justificación para el establecimiento de un sistema comunista y el propio Fidel así se lo aseguraba a su pueblo.

 

En Nicaragua, Luis Somoza le comentó a Nicholas Wollaston: “No entiendo cómo han podido ser los cubanos (los que cayeron en el comunismo).  Son todos muy individualistas y tienen el nivel de vida más alto de la América Latina...”

 

Hugh Thomas, en su libro “Historia Contemporánea de Cuba”, describe a la Cuba pre-revolucionaria en los siguientes términos: “En los años cincuenta Cuba era un país rico en el sentido que su azúcar fue una importante contribución al comercio mundial y al estómago, durante más de un siglo.  Cuba, además de poseer una tecnología de alto nivel, era un país dotado de la laboriosidad necesaria para producir y colocar en los mercados internacionales unas cosechas apreciadas en todo el mundo.  Ello le permitía contar con una buena red de carreteras y ferrocarriles  y unas excelentes comunicaciones internacionales.  Cuba era también conocida, por supuesto, por sus cigarros, hechos con el tabaco que se cosechaba en una pequeña extensión occidental de la isla y que era tan respetado, internacionalmente, como el que se cultiva en la Coté d’Or, en Borgoña.  Numerosos ranchos de ganado, una gran cantidad de pequeñas granjas productoras de hortalizas de invierno que se exportaban a la costa occidental de los Estados Unidos y algunas valiosas reservas minerales en la parte oriental de la isla, hacían también que Cuba pareciera un país con un prometedor futuro económico.  Además, la clase media cubana, muchos de cuyos miembros habían sido educados en los Estados Unidos, era numerosa para un país latinoamericano.  El peso cubano era una moneda fuerte intercambiable con el dólar.  Las relaciones con los Estados Unidos eran estrechas y antiguas.  La consecuencia natural de todo esto fue el hecho de que el nivel de vida cubano, medido por los índices normales (médicos, coches, refrigeradores, renta per cápita), se contara entre los más altos de América Latina.  En algunos sectores de la vida, tales, por ejemplo, como el número de televisores por habitante, los cubanos habían adelantado incluso a algunos países europeos.  Un clima agradable, atractivas islas frente a sus costas, un mar divinamente hermoso, grandes bosques, ciudades con arquitectura colonial española, encantadora y atractiva, muy bien conservada, una gente calmosa que parecía tener casi resuelto el problema de la vida en un estado multirracial, hacían que Cuba, en los años cincuenta, tal como un médico me dijo nostálgicamente en La Habana en 1962, fuera un << paraíso>>” (Página 516)  

 

Además, con la excepción de Argentina y Uruguay, Cuba tenía más teléfonos por habitante que cualquier otro país latinoamericano.  El hecho de que Cuba tuviera muchísimos más televisores que el resto de los países americanos, incluso más que Italia, ayudó inmensamente a Fidel a divulgar su propaganda “casa por casa” a través de toda la isla.   En vehículos automotores solamente lo superaba Venezuela.  Por cierto que se decía que en 1954 La Habana había comprado más Cadillac que cualquier otra ciudad del mundo.  Sus redes de comunicaciones y líneas ferroviarias eran muy superiores en proporción de territorio-habitante a muchos países, inclusos europeos.  Para 1934 las inversiones cubanas y las norteamericanas estaban casi parejas en la isla, producto del período azucarero que se le llamó “Las Vacas Gordas”, aunque los macheteros de caña no sintieron esta mejoría, los habitantes urbanos (el 83% de la población para entonces) sí.  Fue el comienzo de la creación de la clase media cubana, que llegó a niveles muy superiores que en la mayoría de los países hermanos del continente.  Para principio de los años cuarenta, se consideraba que 140.000 familias campesinas vivían en pobreza crítica o precaria, siendo arrendatarias o precaristas de poco más de una caballería de tierra, pero ya Cuba, entonces, tenía una población que superaba los cinco millones de habitantes.  Saliendo el mundo de la depresión, la pobreza extrema de la isla no llegaba al 15% de su población; en un país latinoamericano, eso era un record.  Solamente en México la pobreza superaba el 80%.  En 1934 se promulgó una ley que le brindaba protección al campesinato, gran parte de este grupo socio-económico altamente deprimido, vivía en zonas poco aptas para la agricultura a gran escala, como lo era cierto sector de la Sierra Maestra y del Escambray.   En la Sierra Maestra, por ejemplo, había ---  mucho antes de que llegara Fidel Castro --- un estado de semiguerra civil entre los terratenientes y los precaristas.  La zona era azotada por tres grandes terratenientes que tenían “conexiones” con el ejército de turno: Benito Taboada Bernal, Anselmo Alliegro y Ángel Castro, este último, padre de Fidel y Raúl Castro.  Los trabajadores rurales, no obstante, superaban con creces al campesinato propiamente dicho.  Para 1957 sumaban 600.000, muchos de los cuales trabajaban en tiempo de zafra y combinaban sus labores con aquellas en pueblos y ciudades.  Unos 100.000 trabajadores laboraban en los molinos de azúcar, eran llamados “los aristócratas de la clase trabajadora”.  Los sindicatos en Cuba estaban bien organizados y bajo el control del Partido Comunista el cual perdió la dirección en 1947 que pasó a manos de Mujal --- un prestigioso sindicalista comprometido con Batista --- hasta el momento de la “Revolución”.   400.000 familias pertenecían al “proletariado urbano”, las cuales también estaban organizadas en eficientes sindicatos.  Más abajo, en la escala social, se encontraban una 200.000 familias “pequeños burguesas”: vendedores callejeros, camareros, criados, bailarines, parásitos en el sentido que vivían de los ricos o de los turistas... más o menos lo que en Venezuela se conoce como miembros de la “economía informal”.  Los últimos de la escala social eran los desempleados, que para 1958 no llegaba al 5% de la población, quienes se concentraban en barrios marginales de La Habana y Santiago de Cuba.  La clase más poderosa en términos socio-económicos era la “media”.  53.000 personas tenían una carrera universitaria, muchos de ellos bilingües y entrenados bajo la metodología productiva norteamericana.  El trabajador cubano estaba considerado  como uno de los más productivos de la América hispana.   Las estadísticas de “Statistical Abstract for Latin America” de 1960 (de donde obtuve estas cifras), reportó que para 1958 Cuba tenía 86.000 profesionales y técnicos, una cifra verdaderamente impresionante para la población cubana de entonces; la mitad de estos eran maestros.  Todos los que trabajaban en algo que requiriese un título universitario pertenecían a un colegio especial que trataba de mantener los niveles de vida de sus colegiados al más alto nivel posible: había 203 colegios que garantizaban la práctica profesional de la clase media con todas sus fuerzas.  Existían, entonces, 90.000 ejecutivos o directores de empresas... y 6.000 funcionarios públicos, una cifra abrumadoramente asombrosa. 

 

Oigan esto: para 1989, en el MINFAR (Ministerio de las Fuerzas Armadas), dirigido por Raúl Castro en la Cuba de Fidel, había 300.000 empleados en nómina que totalizaban 1.7 millones de hombres y mujeres si se le agregaban las milicias civiles, que de forma absolutamente directa vivían del Estado.  Es decir: más del 15% de la población total.  En el MINIT (Ministerio del Interior), dirigido entonces por el General Abrantes, la nómina era de 83.000 miembros,  sin contar con los “chivatos de oficio”.   Si a eso le sumamos los funcionarios de los demás ministerios, la cifra de parásitos que vivían ya para entonces directamente del Estado en la Cuba “revolucionaria” era espectacular. 

 

Para 1958, el salario promedio de una secretaria en Cuba era de USD 150, muy por encima del salario de un ministro HOY --- casi medio siglo después --- en Cuba, que no llega a los USD 50.  Una familia de empleados clericales en la Cuba pre-revolucionaria podía llevarse a casa unos ingresos mensuales de USD 300 y los ejecutivos o directores de empresas se contrataban por USD 300, doce veces más que lo que gana hoy en Cuba un médico, siempre teniendo en cuenta que el poder adquisitivo del dólar de hoy no es ni la chancleta del poder adquisitivo de hace 40 años.  Según las cifras, no obstante, se calculaba que 185.000 cubanos trabajaban en torno a la política y vivían del cuento fomentando la corrupción a niveles extremadamente dañinos.  Formaban parte de eso que en Venezuela llaman el “clientelismo político”, lacras que ayudaron indirectamente a Fidel a llegar al poder y que generaban mucho descontento en la población decente y productiva.  No debemos pensar que todo era un jardín de rosas, de haber sido así, no hubiera habido descontento ni inestabilidad política, caldo de cultivo para sistemas todavía peores que los anteriores, como sucedió con Cuba y sin duda está en vías de suceder en Venezuela, si no despertamos a tiempo.

 

REGRESANDO DEL MAR DE LA FELICIDAD

Edición año 2000

por Robert Alonso

Nota: Baje el libro gratuitamente en la siguiente dirección…

 

http://us.share.geocities.com/alertas3986959/MARDEFELICIDAD.pdf

 

Caracas 27 de octubre de 2003

 

ROBERT ALONSO