¡MOSCA!

 

Son las cuatro de la madrugada y no puedo dormir.   No hace mucho me fui a la cama, luego de esperar – hasta casi la madrugada de hoy jueves 26 – la rueda de prensa emanada del C.N.E. (Consejo Nacional Electoral) sobre la modificación y aprobación del reglamento para la implementación de los referendos que ahora contempla nuestra nueva constitución: la bolivariana.

 

Sucedió lo que tanto me temía: el consenso por unanimidad del reglamento.  El mismo no necesariamente significa que “nuestros” rectores (dos de los cinco miembros de la directiva) se hayan pasado al bando contrario… ¡peor!  El reglamento terminó revestido de coherencia legal y práctica, perfectamente válido y viable en situaciones democráticas, donde se respeten los referendos, la constitución, las leyes… y todo lo demás.  Esto simplemente significa que ahora habrá excusa válida para el “guaraleo” final.  Los partidos políticos de la oposición podrán seguir en su fantasía hacia unas elecciones de gobernadores y alcaldes el próximo año, mientras el régimen CASTRO-COMUNISTA se regodeará en el tiempo para castrar – aún más – las instituciones, desintegrar “legalmente” la Asamblea, conformar un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, purgar más profundamente nuestras Fuerzas Armadas, fomentar al máximo la pobreza y el exilio económico de la clase media y productiva venezolana, repartir nuestras riquezas bajo amañados contratos con las multinacionales occidentales, fortalecer los cuadros medios y bajos para-militares, penetrar los barrios con mayor ahínco gracias a los “alfabetizadores” y “médicos” cubanos… y paremos de contar.

 

Lo que estamos en realidad viendo es el desmoronamiento final de un país.  Si todo termina saliendo como yo lo he venido diciendo, estaremos antes un fenómeno político jamás visto en la historia de la humanidad, gracias – no a Hugo Chávez, quien no es bobo pero tampoco es lumbrera – a Fidel Castro Ruz, un ente perverso que vino al mundo para sembrarlo de destrucción y desgracia.   En Venezuela se está creando un nuevo estilo de modelo político el cual terminará forjando – sin lugar a dudas -- un nuevo sistema… una impresionante mutación del CASTRO-COMUNISMO, ajustado a los tiempos y a las particularidades propias de nuestra muy personal realidad como nación y pueblo.

 

Ayer, un día tremendamente agitado para todos, oí al “neo-líder” Juan Fernández decirle a Marta Colomina que nos pudiera estar pasando como la ranita que echamos en una olla con agua fría a la cual le vamos dando calor de manera paulatina e imperceptible.  El agua se va calentando lentamente y en el proceso la ranita se va ajustando a la nueva y pequeña variación de la temperatura, pero, cuando viene a ver: se sancochará en el agua y morirá feliz, sin saber qué fue lo que la mató.

 

El problema es que el propio Juan Fernández es uno de esos líderes que nos ha venido metiendo a todos, cual ranitas, en una inmensa olla con agua tibia, pues él – al igual que la inmensa mayoría de nuestros líderes y “comunicadores sociales” – ha promovido y aupado el espejismo óptico que hoy renace CON FUERZA para ocasionar el peor daño que Venezuela ha conocido en muchos años de su infeliz historia.

 

La conversación entre Marta y Pedro Penzini -- temprano en la noche de ayer, por 99.9 FM – indicaba desesperación total.  Lo que he venido diciendo durante todos estos largos y tormentosos meses, cargados – para mí – de una abrumadora impotencia, se está materializando hoy: cuando nos dejamos llevar por el triunfalismo, la caída hacia la realidad es dura.  Oíamos a una Marta decirle a Pedro que no sabía qué podíamos hacer, pero teníamos que hacer algo… luego se le ocurrió lo único que se le ha ocurrido a “nuestros” líderes desde el mismo día en que comenzó la tragedia: marchar por las calles con más pitos, cacerolas y raca-racas.  Claro: una cosa es llamar a las marchas carnavalescas como medio de lucha y otra invocar “LA GUARIMBA”.  El régimen CASTRO-COMUNISTA de Venezuela permite el cilantro (culantro), pero… no tanto.

 

Marta Colomina recibe mis ensayos de “alertas” directamente de mí y me consta que se lo reenvían muchas instituciones que curiosamente también lo reenvían de “rebote” a mi buzón (junto al de ella y otras personalidades).  Marta Colomina sabe dónde y cómo contactarme.  Si a ella se le agotó la musa, estoy a la orden para sugerirle un par de cosas y decirlas directa y personalmente al aire.

 

Como cubano estoy acostumbrado a oír análisis sobre las razones por la cuales se perdió Cuba.  Se tiende a tomar en cuenta solamente los efectos y no las causas… los síntomas y no la enfermedad.  Unos dicen que fueron los “americanos” los culpables y otros le echan la culpa al éxodo masivo del pueblo cubano.   Si en definitiva perdemos a Venezuela, las causas están hoy claritas y no las podemos perder de vista; cargaré para siempre en mi cartera este ensayo firmado por mí.   De perder – DEFINITIVAMENTE – a Venezuela, la culpa la tendrán – además de nosotros mismos -- todos y cada uno de “nuestros” líderes y “comunicadores sociales” que nos “guaralearon” con el Referendo Revocatorio, el agua tibia dentro de la cual nos metieron a todos – cual ranitas – y que se fue calentando y calentando – imperceptiblemente -- hasta el punto mortal de achicharramiento total.

 

Esta muerte paulatina de un país nos ayuda a entender, aún más, las desgracias de muchos otros pueblos.  Ahora podemos entender cómo fue posible que los judíos – pertenecientes a una etnia tan aguerrida y combativa -- se pararon mansamente en file india para que los masacraran, sin echar la pelea, en el holocausto nazi.

 

Caracas 26 de septiembre de 2003

 

ROBERT ALONSO