MIL PERDÓN

 

Con esta poesía recibida fortuitamente de mi lector CÁSTULO GREGORISCH, le quiero pedir mil perdón a mis cuatro hijos venezolanos por inmiscuirme en los asuntos de su país…

 

            EL ÁRBOL

 

Amargamente se quejaba el árbol

al ser de sus raíces desprendido,

trasladado más tarde a suelo extraño

donde nunca llegó a ser comprendido.

 

Tratando de echar nuevas raíces

su savia se escapaba por la herida,

herida ocasionada por el trauma,

aquel trauma infligido un fatal día.

 

Aquella herida que no cicatrizaba

día a día iba acabando con su vida,

solo aquella vaga esperanza

de algún día volver le mantenía.

 

Pasaron uno tras otro muchos años,

volveremos algún día se decía,

su alma cerca ya del desengaño,

sus secas hojas al suelo ya caían.

 

Desnudas iban quedándose sus ramas,

desanimado le faltaban energías,

su tronco débil y ya con poca savia,

el pobre árbol sin sus raíces ya moría.

 

Cástulo Gregorisch

                             Febrero 15, 2003

 

ROBERT ALONSO