¿Mea culpa?

 

No sé.  Los últimos acontecimientos del país – en especial la aceptación general del reglamento para los referendos -- me tienen tremendamente confundido.  No sé si deba hoy escribir mi “mea culpa” dirigido a todos mis lectores/ras y al pueblo de Venezuela en general.  Llevo un par de días evaluando el asunto y, aunque aún no me he decidido, pienso que debería darle mayor calor al tema.

No es posible, digo yo, que sea el único “analista” – “castro-comunistólogo” -- que piense que NO HABRÁ REFERENDO REVOCATORIO (RR).  Eso me confunde y me llama a la reflexión.  Tal vez tengamos la oportunidad – después de todo – de participar en el RR, ganarlo y hacer prisionero a nuestro presidente para que responda ante las autoridades nacionales e internacionales por sus múltiples crímenes, entre ellos, el de lesa humanidad.  Cuando prendo la televisión, la radio... o leo los periódicos, prácticamente todos los políticos del país están hoy más esperanzados que nunca con respecto al RR y la posibilidad cierta de que se lleve a cabo – sin trucos – en febrero del 2004.  Debe ser así, estoy a punto de aceptarlo, pues de lo contrario esos políticos y dirigentes (casi todos) estarían ayudando al destino a tirar al país – con todo lo que él tiene adentro -- por un despeñadero.  No puede ser que políticos tan experimentados como el Dr. Eduardo Fernández, Henry Ramos Allup, Enrique Mendoza, Andrés Velásquez, Salas Römer, Américo Martín, Alfredo Ledesma, Timoteo Zambrano, etc, se equivoquen.  No puede ser que comunicadores sociales de la talla de la Profesora Marta Colomina, el Dr. Pedro Penzini Fleuri, la Lic. Nitu Pérez Osuna, Roberto Giusti, Rafael Poleo y tantos otros, estén errados.

Tal vez me he equivocado en cuanto a que Fidel Castro tenga inherencias en la actual conducción del país, más allá de la que tendría cualquier otro mandatario amigo.  Tal vez los médicos y alfabetizadores cubanos no formen parte de un macabro plan de penetración ideológica como he venido diciendo día a día en mis “alertas”, ni sea cierto que ya tengamos en nuestro territorio un contingente de más de 20 mil efectivos militares regulares del ejército cubano de ocupación.  Es muy posible que el presidente Uribe se equivoque con respecto a Chávez y su relación con las FARC.  Tal vez nuestro presidente constitucional sea tan demócrata como aquellos que pasaron por Venezuela durante eso que llamamos hoy la IV República.  Tal vez el gobierno no esté regalando nuestro petróleo a Cuba ni repartiendo nuestras riquezas no renovables a las multinacionales occidentales con fin alguno y mucho menos para crear complicidades que lo ayuden a mantenerse en el poder hasta el 2021 y más allá.

A veces me pregunto si la “comunidad internacional” nos dará una sorpresa y nos ayudará a recuperar el país, en caso de que lo perdamos a manos de una dictadura.  Nada indica, es cierto, que se demorarían tanto en intervenir en Venezuela como lo hicieron en la antigua Yugoslavia, Liberia, Nicaragua, El Salvador, etc.  Después de todo, todos allá afuera saben que Venezuela es un país alegre y fiestero, lleno de mujeres bellas y de gente pacífica amañada al trópico y sus bondades.  No porque hayan mirado a otro lado en las masacres del pueblo cubano, tenemos que pensar que a nosotros nos ignorarán, de darse un caso similar, claro.

Ayer hablaba con un político muy inteligente y versado en temas internacionales quien a lo mejor me convenció.  El hecho de que los “americanos” se hayan dejado quitar hasta el sueño en Cuba por un barbudo rumbero armado con rifles viejos y la demagogia barata, no significa que si ahora Chávez arremete en contra de los intereses privados de ese país, los “americanos” se dejarán tocar las nalgas como dejaron que hicieran los comunistas en la isla de Castro.  Fíjense lo que hicieron en Irak con el Sr. Hussein.  Es verdad que se demoraron unas cuantas décadas en intervenir, pero eso no es indicativo infalible para pensar que de llegarse a plantear una situación similar en Venezuela, no atacarían de inmediato, sin siquiera tomar en cuenta a sus aliados… además: del apuro solo queda el cansancio.  Treinta años no son nada en la historia de los pueblos.   No hay que olvidarse que los moros estuvieron casi un milenio en la Madre Patria, pero al fin salieron.

Es verdad que el hecho de que Chávez insulte a los americanos, como Castro hizo en Cuba, no necesariamente deba ser entendido como una certeza de que estamos en vía de romper relaciones con el gigante del mundo y nuestro mejor cliente.  A veces uno se engaña porque encuentra similitudes que solo son de forma y no de fondo, como – por ejemplo – eso de quitarles el petróleo a los dominicanos.  No porque Castro eliminó todos los contratos de azúcar con los eternos clientes de Cuba signifique que Chávez haga lo mismo con el petróleo y sus tradicionales clientes.  Confieso que me he extralimitado en mis observaciones y me he dejado guiar por mis traumas.  El que hoy no encontremos en los mercados muchos productos que siempre hemos podido comprar sin problemas, no quiere necesariamente decir que tendremos algún día que pararnos – como en Cuba - en una cola bajo el sol para conseguir un hueso con el cual hacerle una sopa a nuestros hijos y nietos.

Pienso, también, que los seres humanos tenemos derecho a cambiar... y Castro no es la excepción.  Es posible, digo yo hoy, que ya en el ocaso de su vida se haya dado cuenta de que no vale la pena ser tan criminalmente energúmeno y haya tomado la sana, civilizada y cristiana decisión de enmienda.  Hasta el más criminal de los hombres pudiera cambiar en un momento dado de su vida, pues así lo dice Dios.  No por el hecho de que haya destruido a Cuba; haya enviado al exilio a millones de cubanos, entre ellos a muchos miembros de su familia... su hija incluida; haya colocado al mundo al borde de un holocausto nuclear durante la “Crisis de Octubre” (octubre de 1962); haya intentado adueñarse de Chile, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Grenada, Jamaica, Zimbabwe, entre otros países donde ha intervenido militar, política y directamente; haya pasado por las armas en su paredón a miles de cubanos y encarcelado - por razones de conciencia - a cientos de miles de sus coterráneos; haya inundado de guerrilla a Venezuela en los años 60 y 70 y de droga el territorio norteamericano, tenga necesariamente que mantener una postura tan radicalmente criminal e inflexible hasta el mismo día de su muerte.  Después de todo, es verdad: no hace mucho recibió directa y personalmente en su isla las bendiciones del Santo Padre. 

Además, violencia engendra violencia.  No es posible que Castro arremeta violenta y monstruosamente contra el pueblo venezolano – como lo hizo el 14 de octubre de 1976 contra el pueblo angoleño, donde se dice que en la semana que le dio inicio a la sangrienta guerra civil en ese país africano, sus tropas regulares dieron muerte a una decena de miles de seres humanos, civiles en su mayoría – cuando en Venezuela la protesta es alegre: con maracas, cacerolas, pitos, raca-racas, pancartas, bailo-terapia... y partidos de futbolito.  Nosotros no hemos caído en provocaciones, así que Castro – de tener inherencias en nuestra política y destino – debería sentirse, es verdad, incapacitado moralmente de caernos a tiros, razón por la cual estoy pensando con mucho detenimiento que el llamado a “LA GUARIMBA” es peligroso y desproporcionado, sobre todo cuando ahora sabemos que en febrero del año que viene – y en verdad no tengo razones para pensar (en especial porque así nos lo aseguran nuestros líderes, comunicadores y analistas más prominentes) que llegada esa fecha nos saldrán con el famoso y trillado cuento del “Gallo Pelón”: “¿Quieres que te eche el cuento del Gallo Pelón? Sí.  No, yo no digo que sí... yo digo que si quieres que te eche el cuento del Gallo Pelón.  No.  No, yo no digo que no... yo digo que si quieres que te eche el cuento del Gallo Pelón.”habrá referendo revocatorio y eliminaremos a Chávez, al chavismo y sus acólitos con tan solo pararnos en fila india - un domingo por la mañana - y votar por el “”.

Eso sí, me preocupa inmensamente que nuestros líderes, comunicadores y analistas piensen todos igual.  A mí me enseñaron que cuando “todos piensan igual, es porque hay uno que piensa por todos...”  Espero que ese “UNO” que hoy pudiera estar pensando por todos no se esté equivocando.  Mientras tanto, seguiré evaluando la posibilidad cierta y necesaria de enviarles a ustedes, mis queridos lectores/ras, mi “mea culpa”.

Caracas 28 de septiembre de 2003 – Faltando cinco meses y dos días para el Referendo Revocatorio Presidencial.

 

ROBERT ALONSO