Dr. Luis Aguilar León

 

Así como muchos muchachos de mi edad soñaban ser, qué se yo, como Joe DiMaggio, mi sueño era llegar a ser un intelectual de la altura de mi hoy difunto tío José Manuel Alonso, quien con tanto cariño en vida apodé “Montalvo”.  Fue él quien me introdujo al maravilloso mundo de los ensayos del Dr. Luis Aguilar León, una gloria viva cubana, catedrático durante 30 años de la prestigiosa Universidad Georgetown, de EE.UU., la cual hoy – en su honor – ha abierto una beca -- que lleva su nombre -- para estudiantes hispanos.

http://luisaguilarleon.com/2003-01-20.htm

 

Pasado los años, comencé a escribir mis ensayos y un amigo que hoy quiero mucho me dijo que le recordaban a los escritos del Dr. Aguilar León, lo que me pareció un inmenso cumplido pero una grosera comparación.  Hoy, luego de mucho escribir por los caminos del mundo, a sabiendas de mis “alertas” desde mi trinchera de lucha en El Hatillo, he recibido una carta de quien aprendí a admirar, el Dr. Aguilar León, en la cual me anexó el último artículo crítico y libre que se publicó en Cuba, emanado de su acuciosa pluma como abogado, historiador y extraordinario ensayista.  Quiero compartir este documento histórico con ustedes por la importancia que para nosotros -- los venezolanos -- tiene en un momento como el que hoy vive Venezuela en el preámbulo de la ya anunciada y advertida “OFENSIVA”.

 

INTRODUCCIÓN

A principios de mayo de 1960, con casi todos los medios de comunicación ya controlados por el gobierno, sólo dos verdaderos periódicos sobrevivían en Cuba.

El 11 de mayo, mientras se desplegaba la usual propaganda oficial contra ''los lacayos del imperialismo yanqui'', y se movilizaba al pueblo para que luchara contra el inminente desembarco de los marines, el Diario de la Marina, el más añejo y respetado periódico de Cuba, fue ''liberado'' y silenciado por las eficientes turbas del pueblo.

El único sobreviviente, Prensa Libre, probablemente el más popular periódico de Cuba, recibió de inmediato los asaltos de la ofensiva oficial. El día 13 de mayo, publiqué mi denuncia de lo que estaba ocurriendo y mi pronóstico de lo que iba a ocurrir en mi patria. Fue el último artículo crítico y libre que se publicó en Cuba. Al día siguiente, después de haberle añadido a mi artículo una ''coletilla'' escrita por un súbitamente armado ''comité revolucionario'', en la que se pedía odio, encarcelamiento y paredón para mí, las turbas cerraron Prensa Libre.

Aquí reproduzco mi artículo, con una melancólica nota de orgullo y una voluntad de desplegar siempre la advertencia de lo que amenaza a nuestros pueblos. Ojalá que algunos lectores lancen una ojeada al continente y juzguen cuán certera fue mi denuncia.

La libertad de expresión, si quiere ser verdadera, tiene que desplegarse sobre todos y no ser prerrogativa ni dádiva de nadie. Tal es el caso. No se trata de defender las ideas del Diario de la Marina; se trata de defender el derecho del Diario de la Marina a expresar sus ideas. Y el derecho de miles de cubanos a leer lo que consideren digno de ser leído. Por esa plena libertad de expresión y de opción se luchó tenazmente en Cuba. Y se dijo que si se comenzaba por perseguir a un periódico por mantener una idea, se terminaría persiguiendo todas las ideas. Y se dijo que se anhelaba un régimen donde tuvieran cabida el periódico Hoy, de los comunistas, y el Diario de la Marina, de matiz conservador. A pesar de ello, el Diario de la Marina ha desaparecido como expresión de un pensamiento. Y el periódico Hoy queda más libre y más firme que nunca.

Dr. Luis Aguilar León

Una lección no aprendida

Por el Dr. Luis Aguilar León

La Habana, Cuba – mayo de 1960 (al año y 5 meses de la Revolución)

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La libertad de expresión, si quiere ser verdadera, tiene que desplegarse sobre todos y no ser prerrogativa ni dádiva de nadie. Tal es el caso. No se trata de defender las ideas del Diario de la Marina; se trata de defender el derecho del Diario de la Marina a expresar sus ideas. Y el derecho de miles de cubanos a leer lo que consideren digno de ser leído. Por esa plena libertad de expresión y de opción se luchó tenazmente en Cuba. Y se dijo que si se comenzaba por perseguir a un periódico por mantener una idea, se terminaría persiguiendo todas las ideas. Y se dijo que se anhelaba un régimen donde tuvieran cabida el periódico Hoy, de los comunistas, y el Diario de la Marina, de matiz conservador. A pesar de ello, el Diario de la Marina ha desaparecido como expresión de un pensamiento. Y el periódico Hoy queda más libre y más firme que nunca.

Evidentemente el régimen ha perdido su voluntad de equilibrio.

Para los que anhelamos que cristalice en Cuba, de una vez por todas, la libertad de expresión. Para los que estamos convencidos de que en esta patria nuestra la unión y la tolerancia son esenciales para llevar adelante los más limpios y fecundos ideales, la desaparición ideológica de otro periódico tiene una triste y sombría resonancia. Porque, preséntesele como se le presente, el silenciamiento de un órgano de expresión pública, o su incondicional abanderamiento en la línea del gobierno, no implica otra cosa que el sojuzgamiento de una tenaz postura crítica. Allí estaba la voz y allí estaba el argumento. Y como no se quiere, o no se puede, discutir el argumento, se hizo imprescindible ahogar la voz. Viejo es el método, bien conocido son sus resultados.

He aquí que va llegando a Cuba la hora de la unanimidad: la sólida e impenetrable unanimidad totalitaria. La misma consigna será repetida por todos los órganos publicitarios. No habrá voces discrepantes, ni posibilidad de crítica, ni refutaciones públicas. El control de todos los medios de expresión facilitará la labor persuasiva: el miedo se encargará del resto. Y, bajo la vociferante propaganda, quedará el silencio. El silencio de los que no pueden hablar. El silencio cómplice de los que, pudiendo, no se atrevieron a hablar.

Pero, se vocifera siempre, la patria está en peligro. Pues si lo está, vamos a defenderla haciéndola inatacable en la teoría y en la práctica. Vamos a esgrimir las armas, pero también los derechos. Vamos a comenzar por demostrarle al mundo que aquí hay un pueblo libre, libre de verdad, donde pueden convivir todas las ideas y todas las posturas. ¿O es que para defender la justicia de nuestra causa hay que hacer causa común con la injusticia de los métodos totalitarios? ¿No sería mucho más hermoso y más digno ofrecer a toda la América el ejemplo de un pueblo que se apresta a defender su libertad sin menoscabar la libertad de nadie, sin ofrecer ni la sombra de un pretexto a los que aducen que aquí estamos cayendo en un gobierno de fuerza?

Lamentablemente, tal no parece ser el camino escogido. Frente a la sana multiplicidad de opiniones se prefiere la fórmula de un solo guía y una sola consigna, y una total obediencia. Así se llega a la unanimidad totalitaria. Y entonces ni los que han callado hallarán cobijo en su silencio. Porque la unanimidad totalitaria es peor que la censura. La censura nos obliga a callar nuestra verdad; la unanimidad nos fuerza a repetir la mentira de otros. Así se nos disuelve la personalidad en un coro colectivo y monótono.

Y nada hay peor que eso para quienes no tienen vocación de obedientes rebaños.

Pagina del Dr. Luis Aguilar León - http://luisaguilarleon.com/index.htm

 

El Hatillo 2 de Marzo de 2003

 

ROBERT ALONSO

 

NOTA MUY IMPORTANTE: En diciembre de 1986, el Dr. Luis Aguilar León le regaló al mundo “El Profeta Habla de Los Cubanos”.  Usted jamás llegará a conocernos profundamente hasta que no lo haya leído.  Lo encontrará en la siguiente dirección: http://luisaguilarleon.com/index.htm  Como cubano que soy, mis lectores y lectoras (en especial mi ya buen amigo Luis Enrique Alcalá) me harían un inmenso honor leyéndolo; allí conocerán que Cuba no es solo tortura, odio, rencor… prisión, paredón; más tortura, más odio, más prisión, más paredón, muerte y traición entre hermanos.

 

Vale