JIMMIE CARTER

 

Durante la IV República, cuando en Venezuela TODOS vivíamos mejor (hasta los mendigos), tenía una lancha de treinta y pico de pies llamada “La Cascarita”.   La “guardaba” en la marina de Playa Azul y para llenarla de gasolina tenía que navegar hasta el Sheraton, porque en el club de al lado, donde había gasolinera marina - Puerto Azul -  no me dejaban entrar debido a los desastres que hacía cada vez que me metía con mi “buque” en la bahía aledaña a mi base.  Una vez faltó poco para que terminara hundiendo decenas de veleros que se encontraban amarrados en serie, cercanos a donde se cargaba el combustible.  El “capitán de puerto” de Playa Azul, el Teniente Velarde, (QEPD), decía que conmigo, en mi lancha, no iba ni a misa.  Era el terror del mar del litoral.  La gente me veía venir y se apartaba despavorida.

 

Tenía en mi lancha un equipo de sonido de esos que se oyen en el infierno.  Para entrar en puerto ponía un casette muy especial de Louis 'Satchmo'  Armstrong al que llamaba – precisamente – “Música Para Entrar a Puerto”.   Bebíamos, entonces, “güiski del bueno”… sin llamarlo así.  Solamente había en Venezuela “güiski del bueno” y mi principal problema – entonces – era cómo comer de todo sin hacerle trampas al Dr. Robert Atkins.  Mi canción favorita comenzaba así: “… I still get jealous when they look at you… I may not show it, but I do.   And darling I know a secret; you didn’t know I knew… I still get jealous ‘cause it pleases it you...!  Musiú Lacavalrie (QEPD) sabía que Robert Alonso había entrado en Puerto, porque desde su casa-de-fin-de-semana en Caraballeda, oía a Louis Armstrong y su magnífica trompeta que nos deleitaba (a él y a mí) desde los cielos.  “¡Hello, Darling!”, “Oh, when the Saints…!

 

Escribo estas líneas y me provoca llorar de tristeza.  Juro que a veces prefiero mil veces estar muerto… o – mucho mejor aún – morir recuperando aquellos tiempos de paz y alegría infinita que vivíamos TODOS los venezolanos: unos más, otros menos… en tiempos de abundancia y de libertad.  Nosotros mismos (con nuestra desidia e indiferencia social y política) destruimos aquel paraíso.  Ahora, NOSOTROS MISMOS debemos recuperarlo para nuestros hijos y nietos.

 

Una de esas tardes que echaba gasolina en el Sheraton – allá por el año de 1981 -, se me ocurrió sintonizar la radio, cansado de tanta trompeta “armstroneana”; me quedé virtualmente loco con lo que oía.  DECENAS DE MILES de cubanos (10.800, PARA SER EXACTO) invadieron la sede de la embajada de Perú en La Habana, pidiendo asilo… algo jamás IMAGINADO en alguna parte del globo terráqueo.

 

Todo había comenzado cuando un puñadito de cubanos se metió a la fuerza en la embajada peruana - en la capital cubana - para pedir asilo político.  Castro, emperrado con los peruanos porque ellos aceptaron la calificación de “asilo político” de aquellos “intrusos”, decidió quitarle la protección policial a la sede del Perú y anunciar por televisión que todo aquel que se quisiera ir de Cuba se metiera en esa embajada sudamericana.  ¿Resultado?  En 72 horas la sede diplomática se llenó de MILES DE CUBANOS que querían abandonar aquel “mar de la felicidad”.

 

La historia no terminó allí.  Fidel Castro se dio cuenta de que el gobierno “americano”, con Jimmie Carter a la cabeza, estaba deseoso de recibir a los “disidentes” de Cuba y abrió indiscriminadamente sus puertas.  ¿Qué hizo Castro?, vació sus manicomios y cárceles y le envió cualquier cantidad de locos y asesinos de la peor calaña a los gringos.  Cuando las autoridades “americanas” se vinieron a dar cuenta, ya Castro había limpiado Cuba de sus peores lacras.

 

Afortunadamente muchos cubanos dignos lograron salir a través de lo que históricamente se conoce como “El Éxodo del Mariel”, entre ellos, las hermanas Diego, autoras de esa canción tan popular escrita para María Conchita: “La Loca”, pero EE.UU. se demoró varios años en depurar su territorio de los llamados “marielitos indeseables”, hasta que por fin se quedaron en tierras de libertad los buenos y se regresaron al infierno los malos. 

 

Fidel Castro hizo más que inundar de malandros el territorio norteamericano: gracias a lo permisivo y a la bobaliconería de Jimmie Carter, logró dividir el exilio cubano en dos: el de antes y el de después del Mariel.  Fue debido al “Éxodo del Mariel” que recorrió el exilio aquella poesía anónima que decía algo así:

 

                                      Cuando ya muerto Fidel se vaya a escribir la historia,

                                                se hablará de aquella escoria, que salió por el Mariel…

 

                                                Salieron del puerto aquel, más de diez mil maricones,

                                                cien mil quinientos ladrones… y setenta mil hijo’eputas

                                                que quieren vivir aquí (en Miami), a costa de sus cojones…

 

Todas esas gracias (la de saturar de coños-de-madres el territorio “americano” y dividir el exilio cubano en Miami) lo logró Fidel gracias al “blandengue” (léase: comemierda) de Jimmie Carter, un individuo que jamás debió haber abandonado sus siembras de maní para meterse a político… quien, además de Castro, fue caribeado por los iraníes con aquella historia de los rehenes de la embajada norteamericana en Teherán…  Ese mismo fenómeno, para mi máxima arrechera, es uno de los que velará porque no nos hagan trampa en el REA-FIRMAZO que comenzará el próximo 28 de este mes.  Una de las “cartas escondida” del Sr. Quirós Corradi y el resto de los “coordinadores democráticos” que nos aseguran que trampear el REA-FIRMAZO es imposible.  ¡Dios nos coja confesados...!

 

Colocar a Jimmie Carter a supervisar unas “elecciones” contra el CASTRO-COMUNISMO INTERNACIONAL es como pretender que una oveja recién nacida defienda un pedazo de carne podrida frente a unos buitres malparidos y hambrientos de la cordillera andina.  Ya veo a mis paisanos en la Calle Ocho decir: “… pero bueno, mi socio: ¿cómo carajo no les iban a hacer trampas si pusieron al Jimmie a velar por los resultados?”

 

Es por eso – parcialmente, claro – que ROBERT ALONSO bota la piedra y masca vidrio segundo a segundo Y NO SE CANSA DE DIVULGARLA GUARIMBA”, como única herramienta para recuperar la libertad en Venezuela tras “EL TRAMPAZO” que vendrá a raíz del “REA-FIRMAZO”, si es que no queremos que nos terminen dando “EL CARAJAZO” final.

 

Nosotros -  los cubanos - tenemos cualquier cantidad de historias que contarles a los venezolanos.  Yo puedo entender que muchos se sientan “obstinados” de la cantaleta mía.  Asumo ese terrible peligro: la de fastidiar a muchos de mis lectores/ras.  Sin embargo, lean éste – y todos mis “alertas” – entre líneas y saquen sus propias conclusiones.

 

El “Bobo de la Yuca” es un lince, al lado de este señor Jimmie Carter

 

Caracas, 6 de noviembre de 2003

 

ROBERT ALONSO