¿GUERRA CIVIL?

 

El 22 de enero de 1959 --- a los 22 días del triunfo de la revolución cubana --- Fidel Castro salió para Venezuela para asistir a la celebración del primer aniversario de la expulsión del dictador Pérez Jiménez.  Fidel pronunció una serie de discursos en Caracas y una vez más negó que la “Revolución” fuera comunista.  Ante el Congreso venezolano aseguró: “En Cuba tendremos también un congreso en el plazo de dos años...  Castro tuvo una conversación algo extraña con el entonces presidente electo Rómulo Betancourt.  Hablaron a solas, aunque rodeados a distancia por una guardia, en un gran patio.  Castro entró directamente en materia: dijo a Betancourt que estaba pensando en “desafiar a los gringos”.  Si fuera necesario, ¿le ayudaría Betancourt con un préstamo de 300 millones de dólares y con petróleo?  Betancourt, cuando se hubo recuperado de la sorpresa, le dio una respuesta descorazonadora: lo que a él le interesaba era la evolución, no la revolución.

Josefina Ache --- asistente para la época de Rómulo Betancourt --- recordó el viaje de Fidel en los siguientes términos: “Castro salió armado del avión y eso molestó muchísimo a Rómulo.  Cuando le concedió una entrevista a Fidel se aseguró que todos los pudieran ver juntos.  No quería una entrevista privada con él.   Josefina contó que Rómulo le había dicho en privado que “un hombre bien intencionado no abandona un país a los veinte días de haber tomado el poder para ir a hacer una visita a algún otro lugar.”  Sin embargo, Betancourt no pudo hacer nada para prohibir que Castro entrara armado al Congreso de Venezuela y allí habló durante toda la noche.  Josefina dijo: “Cuando habló fue contra los Estados Unidos.  Fue para <<detener el imperialismo yanqui>>.  A Rómulo no le agradó eso”.

Entonces, en el momento final de la visita a Venezuela, justo cuando los cubanos iban a subir al avión Bristol Britannia de Castro para partir, ocurrió algo horrible que al democrático y humanista Betancourt realmente le desagradó.  Castro le había dicho a su ayudante, el Comandante Francisco “Paco” Cabrera, que saliera del avión para hacer una última verificación de seguridad.  Así lo hizo “Paco”, pero cuando estaba caminando por el área, según recordó Armando Fleites, un comandante de la Sierra que se encontraba con Castro en ese momento, “la hélice lo atrapó y lo decapitó.  Hablé con Fidel sobre el accidente y me dijo: <<¿Qué ocurrió? ¿Por qué es tan estúpido?  Esto significa muchos problemas para mí>>. Después de esto todo lo que dijo fue: <<lleven el cuerpo de regreso a Cuba para su entierro>>”.  Así terminó el primer viaje de Fidel Castro Ruz a Venezuela.

            ¿Moraleja? Castro tenía a Venezuela en la mira desde el mismo instante en que llegó al poder, si no antes.   Quien crea que la va a dejar ir ahora, que ya casi la tiene entre sus garras, es: o un perfecto imbécil o – aunque no lo parezca o se nos haga difícil imaginar -- un cómplice del CASTRO COMUNISMO INTERNACIONAL.  Así de sencillo.

        Un referendo revocatorio significaría para el Sr. Chávez su renuncia, su muerte política y de ahí para abajo cualquier cosa, incluyendo la cárcel por delitos hasta de lesa humanidad.  Quien a estas alturas crea que Castro va a dejar que su pupilo cometa la estupidez de contarse en un referendo es: o un perfecto imbécil o – aunque no lo parezca o se nos haga difícil imaginar -- un cómplice del CASTRO COMUNISMO INTERNACIONAL.  Así de sencillo.

        Aquellos que dicen hoy que cuando llegue el momento de “contarnos” en agosto y no nos “contemos” será un duro golpe para Chávez allá afuera, para la “comunidad internacional” son: o unos perfectos imbéciles o – aunque no lo parezcan o se nos haga difícil imaginar -- cómplices del CASTRO COMUNISMO INTERNACIONAL.  Así de sencillo.

        Yo le pido a quien lea este “alerta” que se ponga la mano en el corazón y responda si hace un par de meses había oído hablar de la famosa “Plataforma Deltana”.  ¿Verdad que no? Nos vinimos a enterar de que existía esa guarandinga en los días en que ya se les había entregado en concesión o en-no-sé-qué-carajo a la Chevron-Texaco y a unos noruegos por allá, bien lejos, en casa del zipote. Esos señores de la “comunidad internacional” no solo sabían de uno de los yacimientos de gas más importantes del mundo, sino que ya tenían los contratos y las comisiones listas, mientras nosotros ni sabíamos que esa vaina existía.  ¿Moraleja? Allá a fuera saben muchísimo más de lo que pasa en Venezuela que los propios venezolanos.  No hace falta bailar aserjé en la autopista ni jugar futbolito con el “soberano” para que los extranjeros sepan dónde está el cobre en nuestro país y la mejor manera de “batirlo”.  Mucho menos hacía falta un “paro” (light o dark) para que se dieran cuenta los “musiues” de que aquí la vaina estaba pelúa.

        Ahora nos vienen con el cuento de que pudiéramos ir a una guerra civil.  ¿Cuál guerra civil?  En primer lugar no es que pudiéramos ir… es que YA ESTAMOS EN UNA GUERRA, pero no entre hermanos; estamos en una guerra entre Venezuela y el CASTRO-COMUNISMO INTERNACIONAL.  Al lado de nuestra patria estamos nosotros, los dignos… al lado de Castro están los traidores que “en veces” se hacen llamar los “bolivarianos”.  ¿Guerra civil?  ¡No me jodas!

 

Desde mi trinchera de El Hatillo, 9 de marzo de 2003

 

ROBERT ALONSO