Buen día, Sr. Robert Alonso…

       

Buen día, Sr. Robert Alonso,

 

Ante todo déjeme decirle que no sé cómo llegó a su lista VIP mi dirección de correo electrónico; sin embargo, tengo que agradecerle a quien lo hizo, ya que sus crónicas y sus escritos son bien interesantes.  Acabo de leer la correspondiente al concierto de Serrar en el Poliedro y, de inmediato me dije: “Que suerte tiene, ya que yo no pude ir debido a que mi situación económica no me lo permite”.  Me alegro que lo haya disfrutado; sus palabras me recordaron las varias veces que yo también disfruté a ese “catalán sencillo y poeta”, en algunas de las muchas veces que ha cantado aquí.

 

Pero mi intención no es comentarle sobre el concierto de Serrat y corregirle los nombres de temas que escribió mal: es “Cantares” y no “Caminante”, que es parte del poema de Machado; es “Fiesta” y no “Gloria a Dios en las Alturas”.  Sin embargo, me alegro que una canción, de las varias compuestas por él sobre la libertad, lo haya emocionado, como seguramente lo hubiese hecho conmigo.  Mi verdadera intención es comentarle que a pesar de darle un tanto la razón sobre el comportamiento del público contra el imbécil de Calixto Ortega (el mejor ejemplo de que existen zulianos sin cerebro,  con el perdón de los zulianos), creo que debería reflexionar sobre esa actitud y no auparla como lo hizo en su escrito.


Soy el primero en reconocer la rabia de todos los venezolanos pensantes, en contra de las acciones dictatoriales y fidelistas de este régimen.  Gracias a Chávez, a mis 44 años de edad, con un título de licenciado en Comunicación Social, con cursos en Venezuela y en el exterior, con el conocimiento de saber manejar dos idiomas; 18 años de experiencia y luego de haberme fogueado en excelentes medios impresos y audiovisuales de mi país (que también, gracias a Dios, es suyo), apenas sobrevivo dando clases en una universidad, donde no llego ni a trescientos mil bolívares de sueldo, ya que la empresa trasnacional donde trabajaba como gerente de comunicaciones, se cansó de tener que pagar comisiones a los funcionarios de este régimen y se fue de Venezuela, dejando sin empleo a cerca de 15 venezolanos, entre ellos a mí.

 

Pero me preocupa ese odio existente entre nosotros y la posibilidad, cada vez menor, de volver a ser y a tener ese país que todos queremos, el cual usted conoció y yo también disfruté.  Viví en Caracas muchísimos años; tuve amigos cubanos, que estudiaron conmigo en el San Ignacio y conozco a muchos cubanos que viven en Miami y que me han contado sus penurias y sus tristezas por ser “cubanos sin Cuba”.

 

No quiero que Venezuela sea el Chile de hoy, dividido por el odio dejado por una dictadura como la de Pinochet (con todo y que a veces he llegado a pensar, viendo las acciones de los chapistas, que ese señor tenía razón en hacer muchas de las cosas que hizo).  Tampoco quiero que nuestro país sufra de las brechas existentes entre los cubanos, gracias al sátrapa de Castro.  Por eso creo que aunque tiene razón en decir lo que dijo de un “personaducho” como Ortega, o del cretino de “Frasso”, a quien conozco y que ahora dice que la violencia en televisión es mala cuando él se ganó el Premio Nacional de Periodismo gracias a sus violentas fotos sobre “El Caracazo”, ha debido usted minimizar un problema que nos va a dar muchos dolores de cabeza, ya que cada vez se acrecienta más.

 

Yo mismo me he quedado impresionado de la actitud de Juan Barreto.  Él, es el mejor ejemplo de esta democracia, que le dio a un muchacho humilde y disléxico, sin padre conocido, la oportunidad de llegar a donde llegó.  Entonces, ¿por qué actúa así, con un odio y un resentimiento que no tiene razón de ser?


 Realmente Chávez y su camarilla nos están haciendo mucho mal.  Comprendo la rabia de los serratistas como usted y como yo, de pitar a Ortega, que seguramente no diferencia a Serrat de Camilo Sexto, pero me preocupa que una persona como usted, aliente una llama que nos puede quemar a todos.

 

Gracias por su tiempo y su atención y lo seguiré leyendo.


Alejandro B.

 

Caracas, 1ro de julio de 2003